Después de un descanso para nuevas ideas y otras experiencias, regreso con otro post de esta serie llamada La Vida.

Es increíble como la gente pasa por alto esas pequeñas cosas que al final de cuenta nos llenan de satisfacción, y que nos agregan más de esos momentos que al ver atrás, nos harán sonreír. Hace unas semanas tuve unos días de descanso y tuve la oportunidad de ir de paseo a Antigua Guatemala con mi viejo. En uno de esos momentos donde ellos vuelven a ser unos jovencitos, le dió por quitarse el antojo de un taco. Así que nos dirijimos a la iglesia, más conocida como La Escuela de Cristo, y en su atrio se encuentra una venta de comida típica en las cuales no falta el arroz con leche, atol de elote, tostadas, chuchitos, y los tacos que tanto deseaba mi padre. Resulta que los tacos ¡volaron! 

A pesar de ello, mi viejo se la pasó muy bien con un arroz con leche, y bromeando con la dueña de este puesto de comida. Yo, le acompañé con otro arroz con leche y un par de tostadas de guacamol. 

A pesar de ser tan solo por unos breves 15 minutos, es de esos momentos que recordaré con mucho cariño, ya que la compañía fue de la mejor calidad posible.

¡Amo a mi viejo!

Tiempo de Calidad

Patrocinador

Si te gustó puedes leer otro post

o compartirlo con tus amigos