25 Aug 2016 H 45


  H45 Dice el enorme llavero blanco con letras rojas del cual pende la llave que me acaban de entregar en recepción, estoy nervioso, las manos sudan y me es imposible sujetar con firmeza la mano de mi acompañante, tan serena y segura de lo que está a punto de suceder, tampoco es que me obligue, si estas horas hay una víctima será su esposo pero estoy casi seguro que jamás lo sabrá.
 
  Subo casi pegado a sus talones esos 4 pisos que nos separan de un espacio íntimo, algunas parejas bajan, los más jóvenes ocultan su rostro detrás de ademanes exagerados otros prefieren clavar la vista en el suelo y fingir que nadie los ve, hombres y mujeres se avergüenzan por igual; no los entiendo, acaban de pasar un buen momento pero se apenan… al diablo.
 
 El laberinto de pasillos nos devora, las cortinas mal cerradas en las habitaciones y los sonidos que de ellas proviene, pronto crean una atmósfera turbia y caliente, escucho a algunas profesionales decir sus tan elaboradas frases cargadas de mentiras y exagerado placer, quizás si fuera nuevo en estos menesteres les creería pero ni ellas son las exuberantes mujeres que prometen en sus mini vestidos entallados que poco dejan a la imaginación ni yo soy el santo que predica la palabra del señor en cada oportunidad… Habrá palabras y un nombre será gritado, gemido y venido, pero no el mío, suelen confundirme con algo divino; no puedo culparlas.
  Al final de una cantidad que me pareció eterna de puertas cerradas y mal iluminadas se filtra una luz muy blanca casi celestial por una puerta, una brisa fresca también se hace presente habitación 45 hemos llegado. Y
 
 
 Ella… aún mantenemos contacto, los años han pasado impecables y totalitarios, entre el nosotros que cada semana gemía en el Maga o las escaleras o dónde la oportunidad nos ganara prevaleció una relación profesional. Me encantaba su rutina que consistía en sacar de su bolso un buen churro con una combinación perfecta entre peyote y mota, mirarlo con anhelo y encenderlo, parte de mí se consumía al mirarla hacer eso. Era rápida para quitarse la ropa; en menos de lo que podía imaginar ya estaba desnuda, fumando, bebiendo y esperando. Solía ganarme posando sus prodigiosos labios sobre mi pene que ni lento ni perezoso le respondía. Jugaba y lamia como si no hubiera mañana ¿Quién diría que esos serian buenos tiempos? Por supuesto nosotros no…
 

 Después de una devoradora eternidad (literal) sus enormes tetas saltan y forman un arco bastante curioso e hipnótico, mas tardé en admirarlos que ella en ocupar su lugar a horcajadas sobre mí, resbala y es rápida, rápido es también el gemido que escapa de su boca, agita la espalda, se sostiene con ambas manos los pezones los pellizca otro poco y esa es la seña de que está teniendo un orgasmo de esos que dice le hacen tanta falta, se rinde y relaja su cuerpo, respira más relajada.

 Se levanta, cruza el cuarto, al baño seguramente, una ducha y antes de que pueda terminar de tuitear estará de regreso para charlar. De su bolsa mágica extrae unos barrilitos medio tibios, pero son bien recibidas, hablamos de negocios, clientes pésimos y su mal gusto, mis ligues ocasionales, cuentas pendientes y justo cuando se comienza a hacer aburrido y tedioso retoma la activad física anterior… Dos horas después nos despedimos al pie de la avenida y prometemos volver a llamarnos para concertar la cita de cada semana.

Escrito por @kofhy

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