12 Jun 2017 Vacaciones de semana santa

¿Qué hace falta para matar a otro ser humano? Oportunidad.
 Semana Santa brinda precisamente esa oportunidad. Viernes santo, cientos de personas reunidas en la playa, música a todo volumen y fuegos artificiales serán la tela de fondo de un homicidio, aunque me gusta pensar que es justicia con intereses.
 Reunir a la vieja banda es facil, todos hemos seguido paso a pasó los pasos de Isaí a lo largo de los años, cuando salió corriendo a España y cuando vino al funeral de su padre por veintisiete horas y luego regreso al mismo hoyo oscuro del que emergió.Aquella vez por suerte escapó, vio a Mauricio en el funeral. El gran actor que siempre ha sido nos pone fuera del radar.  Muy en el fondo lo sabe, su error fue pensar que éramos estúpidos, éramos niños, pero no tontos. En determinado momento todos fuimos tropezando con la verdad. Nunca se fue, Karla no lo dejó para irse con otro, ella no podría hacer eso, era la mejor amiga que siempre nos cuidó, nos quería. Los niños de la calle, la santa y el que se cree superior. Lo fue ante los ojos de los adultos, ágil y capaz de motivarnos, cruel y sin duda de ejercer la fuerza para corregirnos. Recuerdo el partido, aprendí a ser veloz a no confiar en los que dicen ayudarte. Jamás pudo alcanzarme corriendo, así que su venganza fue peor, un espacio reducido como las duchas del gimnasio donde mi velocidad no sirviera para escapar. Fui el primero de muchos.

 Recuerdo que al contarle a Karla lo descartó como celos de un adolescente que se enamoró de ella pero que ya era tiempo de que conociera mi lugar, las palabras de Isaí en su boca. Cuando el resto quiso decirle lo que les había hecho lo descartó de igual manera. La misma mentira en diferentes bocas, cosas de niños. El resto de adultos fue lo mismo. 
  Los meses transcurrieron y los partidos se repitieron, la confianza de poder someter a un grupo de niños creció llegando a juntarnos a todos en el mismo juego… nuestro valor al estar juntos no fue en aumento como quizá se esperaría. Era más difícil volver a vernos después, saber que no pudimos ayudarnos nos fue orillando a descargar violencia en otros lados. Marco golpeo casi hasta la muerte a un gay que compraba en la tienda del centro donde él estaba, lo saludo, eso bastó para detonar la violencia del abuso. Hizo falta la fuerza de tres hombres de una construcción aledaña para controlarlo. Todo por un “Hola”. Yo hubiera hecho lo mismo. 

 Éramos traviesos, pero jamás hicimos cosas malas, Marco en el tutelar fue la llamada de atención que Karla necesitaba para creernos. Los moretones, la apatía, la falta de ganas de pasar tiempo con Isaí y sus grandiosas actividades que tanto nos gustaban fueron cayendo una a una como pedazos de un frágil muro. 
 Dieciocho meses de correccional para Marco por su ataque a un miembro de la comunidad gay fueron una eternidad para todos, Isaí dijo que se sentía orgullo de él. Bebió tanto esa noche que perdió el control de sus mentiras, el hombre bueno, se diluyo en licor para dar paso a esa bestia cruel que nos tocaba en las duchas. Karla no tenía por qué estar esa noche presente, algo olvidó en el salón donde tomábamos regularización los jueves después de las siete.  
 Isaí la jaloneo y la quiso obligar a tener sexo delante de nosotros, ella lo abofeteo tres veces hasta que la soltó.  Corrió. 
Derrotado y humillado delante de sus amiguitos especiales como él nos llamaba, lanzó puñetazos y patadas, traje un ojo morado por dos semanas, fui el primero en caer, el resto no lo recuerdo. Fue la última vez que vimos a Karla. 
 La policía indago, nadie se detuvo con los chicos problemáticos, los que se juntaban con el loco violento… 

 Pocos días después el destino, la vida o dios nos favorecieron, diferentes internados para cada uno de nosotros, los cinco nos dispersamos a lo largo del país.

Algunos estudiamos mucho para compensar, otros bebieron o escogieron la violencia como forma de vida. Marco entro y salió en repetidas ocasiones y por diferentes delitos, pero siempre fue el niño gordito que nos hacia reír. Dicen que con su banda era todo lo contrario. Las pocas veces que nos encontramos nos convertíamos en esos niños, nunca hablamos de venganza, dos pestañeos eran suficientes para entendernos o eso pensamos.  Otro cumulo de años hasta que la vida nos reuniera para el funeral de Fernando, sus allegados decían que se le fue la mano con sus dosis, nosotros sabíamos que era demasiado precavido para terminar de esa manera. Tenía años diciendo que lo haría, no le hicimos caso.  Marco no pudo estar presente, lamentó desde el fondo de su alma haber golpeado a su tercera esposa y mandarla al hospital, no por hacerlo sino porque no pudo estar con su amigo. 

 Esas veintisiete horas en las que Isaí regreso al país y que coincidieron con el funeral de Fernando fueron el detonante, debíamos hacerlo, nos lo debíamos, se lo debíamos a Karla a Fer, a la inocencia que nos arrebataron en una ducha, a los monstruos en los que nos convertimos…  

 Dos o tres años después de lo de Fer, Marco apareció en la puerta de mi casa, en el peor momento posible. Me debatía con la pareja en turno acerca de la poca compatibilidad encontrada en su persona y cosas más estúpidas que algunos hombres decimos con tal de no quedar como idiotas. Jamás entendió mi exagerado apetito por el sexo, sospechó que no era natural pero nunca se lo dije. La despedí con tanta rapidez que olvidé lo mucho que decía quererle. 

- ¿Tu novia?
-Habrá otras… siempre las hay. 
- ¿Cerveza?
-Cerveza. 

Dos cervezas después se anima a contarme su plan, es cruel y un tanto descabellado, involucra un “accidente” y otra muerte. Me gusta.

- He hecho cosas mucho peores que esta…

Le creo. Conozco su capacidad para destruir, surge del mismo lugar que la mía. Lo admire por canalizarla en violencia yo solo puedo destruirme un poco y accidentalmente a las que me rodean. 

 Esa noche compro dos boletos de avión. Uno es pagado con mi tarjeta desde una aplicación y la otra es en efectivo en mostrador.

Mauricio nos recoge, viajamos ligero. Han decidido dejar al resto fuera de los preparativos, los escucho mientras me dan los detalles de su grandiosa idea. Jamás se me hubiera ocurrido pensar en su madre, al no tener una y juntarte con otros que tampoco la conocieron te hace pensar que nadie la tiene. Todo suena bien, lo han considerado todo, un magnifico y envidiable plan para lanzar una carnada. No entiendo para que me necesitan.  Un tope brincado a exceso de velocidad me asienta las ideas, pero claro, como no lo pensé antes… 

-Compraremos una tienda de campaña muy grande, la más grande que encontremos. Iremos a la playa con música, mucha cerveza, cohetes y esta camioneta.

Desconcertados se miran entre sí. Ninguno se atreve a preguntar.

 -Confíen en mí, funcionara. 

Una llamada basta para que la primera ficha del domino kármico caiga.  Confirmación casi inmediata. Marco trabaja con profesionales no me queda duda, debo evitar tenerlo como enemigo a como dé lugar.

 Dormir en hoteles nunca ha sido la mejor cosa que puedes hacer, realmente no puedo dormir en ninguna parte sintiéndome cómodo, prefiero hacerlo con compañía y dormir también, dicho sea. Camas duras, olor a humedad y el calor, eso es lo que menos extraño. Moscos, humedad y la gente tan colorida, todo un panorama cultural típico de las regiones costeras.  En otros tiempos, bajo otras circunstancias habría aprovechado para mezclarme con las mancebas, lejos de eso paso la mitad de la noche al teléfono ordenando los siguientes días, reportándome enfermo en todos lados y convenciendo a punta de “Te amos” a la susodicha para que no abra la boca y eche todo a perder. Cede. Tomo una pequeña siesta, dos horas bastan para recargar la batería del teléfono. Rara vez sueño. 

 Setenta y dos horas después de papeleo, llamadas y el regreso del único familiar vivo de la señora, vuelve la rueda a girar. Intenta llevarla a España, sobornos a las personas adecuadas lo hacen una tarea imposible, tiene que ser aquí. Decidimos unánime que no debemos presentarnos al servicio, seria alertarlo. En su lugar esperamos afuera a bordo de la camioneta. Hay un enorme vacío en mi plan. Involucra alcohol y que lo beba para estar tan ebrio que no se pueda levantar. La vida se encarga de solucionarlo, quien sabe cuántas botellas de tequila llevará encima, pocos pasos da hasta que se detiene para vomitar estrepitosamente detrás de un auto. 
 Una patrulla se detiene, momento de actuar. 

Mauricio lo sujeta de un costado, mientras Marco esconde la cara y abre la puerta de la camioneta, les explico a los oficiales que recién ha fallecido su madre, prometo llevarlo a casa, nos miran subirlo a la camioneta con cuidado, nadie quiere lidiar con un ebrio llorón.  Retoman su camino. 

 Las cuatro de la tarde decía el reloj cuando nos estábamos estacionando lo más cerca de la playa, de inmediato nos ofrecen lugar para comer y cobran estacionamiento, cien pesos por dejarnos estacionar es excesivo, pero necesitamos el espacio… descargamos la hielera bien provista de cervezas importadas, hielos y una gran tienda de campaña que armamos, sillas fuera, latas abiertas y unos vacacionistas más en medio de semana santa, bebiendo.  Bajar a Isaí de la camioneta no es el lio que tenía pensado, la cantidad de borrachos que se caen y son arrastrados a determinados lugares es asombrosa, tanto que pasa tan desapercibido que me hace sentir mal por preocuparme. 

 Sin mucho cuidado lo arrastramos hasta la tienda de campaña. El cúter es para hacer un corte en el fondo de la tienda, tamaño del futuro cadáver, después a cavar, la arena facilita la tarea, en menos de una hora tenemos un hermoso agujero de dos metros de profundidad. No logramos ponernos de acuerdo en la manera de terminar su vida, una bala, no porque haría mucho ruido, el cuchillo tampoco porque es demasiada sangre y no queremos manchar innecesariamente. Golpearle la cabeza con la pala parece la mejor opción, tampoco nos ponemos de acuerdo, todos queremos hacerlo. Niños de nuevo. 
 Isaí está de pie mirándonos desconcertado, parece no reconocernos y cuando lo hace levanta las cejas en señal de sorpresa. 

-Nosotros matamos a tu madre.
-Por Karla.
-Por Fernando.

Un melódico coro de maldad le informa la verdad en la que se encuentra. Mira en todas direcciones menos en la que debe, trata de correr, en su lugar cae de lleno en su futura tumba. 

- ¡Ha ha ha ha!
-¿Le vieron la cara?
-¡No podía creerlo! 

Sin bala, sin corte, sin golpe, la brutal y efectiva asfixia del enterrado vivo, gracias Poe por la idea. coordinación sin palabras, le cae arena mientras sigue inconsciente, no hay dudas, ni un segundo de vacilación. Él muere aquí, junto a su maldad y las cosas horribles en las que nos convertimos.  Cada seis paleadas de arena uno se encarga de presionar para no dejar huecos. Hemos terminado. 

 Marco se sienta sobre el montículo sobrante, su peso lo hace hundirse un poco más. Mauricio nos acerca unas cervezas, y yo prendo un cigarrillo. Hace mucho calor y falta una hora o poco más para que anochezca. La fiesta sigue a todo lo que da. Bebemos hasta que nos piden que nos retiremos. Cinco horas sentados sobre una tumba deben bastar para estar seguros de que se asfixio.
 Procuramos regresar a la camioneta cada una de las cosas que usamos, me regresan al hotel y sin decirlo sabemos que es un adiós.  Doce horas tardamos en lograrlo, debimos hacerlo años atrás. 


Es hora de volver a casa. 

Escrito por @kofhy

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